domingo, junio 2

Momentos presentes




Una mujer viajaba conociendo diferentes pueblos de la región, en uno de ellos pasó por el cementerio local y decidió visitarlo. Le llamo la atención ver tantas imágenes de personas sonriendo, pero aún le sorprendió más, leer los enunciados en las lapidas. Muerto con 15 días de vida, muerto con 30 días de vida, muerto con 25 días de vida… Todas las lapidas apuntaban a muertes muy rápidas 10, 31, 23, 7 días de vida. En ese momento se cruzó un lugareño saludándola, ella no pudo contener su curiosidad:

-¿Disculpe buen hombre, como puede ser que todas las personas de este cementerio han muerto con tan pocos días de vida?

El hombre con una sonrisa amable le contesto.
-Creo que se confunde. En este pueblo no medimos la vida por la duración del cuerpo, sino por la suma de todos los momentos presentes, pues estos son realmente aquellos que estamos vivos. El resto estamos en un estado de ensueño, solo se viven en la mente, sin enterarnos apenas de lo que ocurre realmente.

Este cuentecito nos da una lección muy importante. La mente tiene la tendencia a dispersarse hacia al pasado, en la memoria, recordando lo que paso o no paso, lo que hice o no hice, lo que me hicieron o dejaron de hacer. También tiende a viajar al futuro, a la fantasía, montando películas de lo que pasará o no pasará. 

Parece ser que al morirnos no nos llevaremos nuestro dinero, ni nuestra casa, ni tan siquiera la dentadura de oro… pero sí que nos llevaremos los momentos presentes, aquellos momentos que vivimos conscientemente. Estos momentos nos acompañaran, cargando nuestra alma de experiencias y haciéndonos evolucionar. Puede ser que no creas esto, pero puedo asegurarte que cuando vives las situaciones conscientemente, en presente todo cambia, llenándose de matices y serenidad. Cualquier situación difícil, desde el pasado aparece la rabia o el rencor, en  el futuro generalmente el miedo, si la vives en presente, no hay espacio para suposiciones, ni malestar… viviéndose con libertad, sin distorsionar las cosas.

Mi consejo es que le des importancia a sumar momentos presentes por pequeños que sean. Esto se consigue a través de experiencias sencillas como respirar de forma profunda, estar en silencio, sentir los rayos de sol en la piel, el aire rozando las mejillas, observar la naturaleza, las nubes, una puesta de sol, un amanecer, el vuelo de los pájaros… son cosas que nos hacen sentir que estamos vivos, sentirnos en profundidad.

Ser Felices.

Marut.

Los dos mundos




Podríamos diferenciar básicamente dos mundos, el mundo externo (de nariz hacia fuera) y el mundo interno (de nariz hacia dentro). El mundo externo es el mundo de las formas, de los objetos y de la acción, accedemos a él a través de los sentidos, siendo nuestra mente quien interpreta los datos recibidos. El mundo interno, es donde realmente vivimos, es donde existen nuestros pensamientos, sentimientos y emociones. El miedo no existe fuera sino dentro de ti, lo mismo pasa con la rabia, la intolerancia, la tristeza, la angustia, los celos, la envidia, la alegría, la felicidad, el amor…

La mayoría de las personas funcionan hacia fuera, hacia el mundo externo, pero muy pocos lo hacen hacia dentro, ya que no es algo natural, sino que se tiene que desarrollar a través de técnicas como el Yoga, la meditación, el silencio, contacto con la naturaleza…

Lo que ocurre al ir hacia fuera es que se intentan solucionar los problemas en el exterior y por más que se solucionan, siempre vuelven a repetirse. Una persona puede estar dos horas discutiendo con otra, al ir hacia fuera solo ve que la otra persona es un cabezota, que le gusta discutir y tener la razón. Al sentirse mal cree que la solución es que la otra persona cambie su postura y le dé la razón, por lo que sigue forzando una situación cada vez más tensa y que no se soluciona. Si esta persona mirara hacia dentro vería su necesidad de tener la razón y su propia tozudez para convencer al otro de lo que piensa.  Las personas intentan toda la vida cambiar a los demás, decidir las situaciones que tienen que vivir y que el mundo sea como ellos piensan, viviendo en un mundo de malestar y conflictos, por que intentan controlar algo que no se puede.
Todo tu poder reside en ti, en observar contantemente pensamientos y sentimientos, generando cambios internos, soltando apegos, miedos y conflictos. Mientras no hagas esto vivirás todas las situaciones desde la lente desenfocada de la mente y las emociones, de forma más o menos distorsionada. Ahora se están viviendo momentos muy expandidos de angustia y miedo, todo el mundo se va hacia fuera dejándose llevar por sus conflictos y creyendo que la solución esta fuera, en que desaparezca la crisis. No se es consciente del miedo interior que nos hace vivir las cosas de forma desproporcionada, bloqueando nuestra capacidad de pensar y dar respuestas creativas. Si viniera un niño de áfrica y le hablaras de la crisis que estás viviendo ¿Qué crees que pensaría él?

“Tu vida es la interpretación que haces del entorno”

No pierdas la oportunidad de mirar hacia dentro, emociones y pensamientos,  en situaciones difíciles pues nos permite conocer como somos, conocer nuestros miedos, intolerancias… e ir frenando el dejarnos llevar por ellos. No digo que mires hacia dentro y no hagas nada, sino que equilibres internamente para que la interpretación de la situación no sea desproporcionada y la respuesta pueda ser adecuada. Poco a poco podremos actuar con mayor libertad y acierto, además de ir dejando atrás situaciones y conflictos para que no vuelvan a repetirse, pues dentro habremos cambiado, equilibrando emociones, soltando bloqueos, aprendiendo la lección.

Ser felices.

Marut.

"Esto también pasará"




Hubo una vez un rey que tenía un precioso anillo y quería guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pudiera ayudarle en momentos de desesperación total. Los sabios y eruditos del reino no encontraban ningún mensaje de dos o tres palabras que le pudieran servir, así que el rey consulto un anciano sirviente, por el que tenía gran respeto. 

-En una ocasión me encontré con un místico, era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje –el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas, ábrelo cuando no encuentres salida a la situación.

El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida. De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel: Simplemente decía “ESTO TAMBIEN PASARA”.

Mientras lo leía sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse equivocado de camino, habían desaparecido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. El día que entraba victorioso en la capital hubo una gran celebración con música y bailes. El rey se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano sirviente estaba a su lado en el carro y le dijo que volviera a mirar el mensaje.

-¿Qué quieres decir? –Preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.

- Este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje.
Todas las situaciones que se nos presentan en la vida pasan, lo que queda de ellas es la enseñanza que hemos sido capaces de asimilar. La firmeza que podemos desarrollar ante el miedo, la angustia, la rabia o la euforia, viviendo cada vez con mayor profundidad y presencia. Para esto tenemos que apoyarnos en las cosas que realmente importan y que todos los días olvidamos. Agradecer en silencio cuando tienes un momento “bueno”, riendo o jugando con tus hijos, abrazando a tu pareja, conversando con algún amigo, sintiendo el sol en la cara…. Si no puedes valorar lo que tienes, no tienes nada. También es importante tener esperanza. Proyectos abiertos en los que desarrollar inteligencia, creatividad, voluntad, confianza… trabajando sin apegarte a un resultado, pues si no surge lo que esperas te derrumbaras y frustraras, perdiendo la fuerza para seguir. Desde mi experiencia los proyectos son como pasos, uno lleva a otro, y a otro… así, hasta haber superado cualquier situación y haber crecido con ella, aprendiendo humildad y humanidad. Las lecciones más importantes las aprendemos en la vida, no en los libros.


Ser felices.
Marut

 

El hábito SI hace al monje



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Podríamos diferenciar entre dos tipos de hábito. En el refranero popular nos habla del hábito como vestidura, envoltorio o imagen. Esa persona que intenta aparentar, cree que pareciéndolo y haciéndolo creer a los demás,  es suficiente para ser. Una persona puede ponerse el hábito de monje, pero si sus acciones se basan en la falta de comprensión y el interés personal, buscando de poder, reconocimiento… ese no es un monje. Si una persona, aunque no lleve ropas de monje, se mueve por el bien común, de forma amorosa y haciendo un trabajo de servicio, en el fondo tiene mucho de monje. 

Al hábito que me refiero en el titular, es al conjunto de acciones que se hacen de forma habitual y automáticas. Hemos creado miles de rutas neuronales que contienen información, pero  ante determinados estímulos externos damos siempre las mismas respuestas. Estas respuestas automáticas se han repetido una y otra vez, por lo que se ha creado un hábito, una acción que surge de forma habitual, con facilidad. Tenemos muchas rutas neuronales creadas pero aquellas que más utilizamos son las que más energía reciben, convirtiéndose en autopistas de información, activándose y circulando con rapidez.

Cuando estos hábitos, acciones habituales y automáticas, son incorrectas, generan conflictos y malestar, o sea son malas, se le llama “VICIOS”. Cuando nuestros hábitos son correctos, solucionan, construyen y crean bienestar, o sea son buenos, se les llama “VIRTUDES”. Los hábitos se pueden cambiar, se trata de ver aquellas acciones y pensamientos que no son adecuados a tu edad, responsabilidades y situaciones a las que te enfrentas en este momento de la vida. Si no ayudan y solucionan, mejorando tu vida, los puedes cambiar, creando un circuito neuronal a través de la repetición, una y otra vez grabando la forma de funcionar adecuada, el hábito correcto.

Te puedo asegurar que tenemos el poder de cambiar, aunque últimamente las personas solo cambian a las malas en situaciones difíciles, no es necesario llegar a ese punto. Con paciencia y constancia puedes conseguir que tu vida cambie y mejore, cuando tú cambies y mejores. No digo que sea fácil, pero vale la pena.

Así pues sostengo que el hábito si hace al monje y de ti depende mantener los vicios o desarrollar las virtudes.

Ser felices.

Marut.

Cuestiona lo que piensas










Un cuento nos habla de una mujer que estaba en la estación, mientras esperaba el tren, compró un paquete de galletitas saladas de la marca que más le gustaba y se sentó en un banco. Al momento se sentó un joven al otro lado del mismo banco.

 La mujer al verlo, empezó a pensar que menuda pinta con esa barba y el pelo largo. El muchacho cogió el paquete de galletas que había en el banco y comió una. La mujer al ver esto cogió otra galleta mirándole con rabia mientras no paraba de pensar que ese muchacho era un sinvergüenza y un caradura, como podía atreverse a coger sus galletas sin permiso. El muchacho sin embargo la miraba con una sonrisa dulce y cogió otra galleta. Ella más enfadada también cogió una, aumentando los malos pensamientos hacia él, deseándole lo peor. El muchacho sin embargo le devolvió la mirada con una sonrisa cogiendo otra galleta. Esto se fue repitiendo hasta que llego la última galleta. No será capaz de cojearla este hippie melenudo, pensaba la mujer. El muchacho la cogió, la partió por la mitad y le ofreció una parte a la mujer. Esta no se contuvo ya, se levantó de golpe y echando pestes se fue hacia el tren que estaba llegando.

Una vez ya sentada en su asiento del tren, no podía parar de pensar en el muchacho, llena de rabia y tensión, así que decidió coger una revista de su bolso para ver si así pensaba en otra cosa. Cuál fue su sorpresa, cuando al abrir su bolso descubrió el paquete de galletas que había comprado antes y con toda su vergüenza comprendió que había estado comiendo las galletas del muchacho. 

Fin


Este tipo de cosas es fácil que nos pasen, pues sacamos conclusiones con muy pocos datos en nuestro poder, montándonos historias. Al creer ciegamente lo que pensamos, nos sentimos en posesión de la verdad absoluta y nos tomamos el derecho a decir lo que queramos. Un consejo: no te creas todo lo que piensas de una forma rígida, cuestiona y deja puertas abiertas a otros puntos de vista, teniendo una visión más amplia.

Así se construye una mente abierta y desapegada.       


Ser Felices


Marut.